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Esta semana tomé decisiones e hice gestiones que afectaban a varias personas.

No eran decisiones teóricas. Al mover determinadas piezas apareció una opción que antes no existía y esas personas pudieron acceder a unos beneficios que, sin esa intervención, no habrían estado sobre la mesa.

Lo sé porque fui yo quien abrió ese camino.

Y volvería a hacerlo.

El conflicto no está en si hice bien o mal. Está en algo más incómodo: hacer lo correcto no garantiza que los demás puedan verlo como algo correcto.

Caballos más rápidos

Si le preguntas a alguien que solo conoce los caballos qué necesita para viajar más rápido, probablemente pedirá un caballo más rápido.

No porque sea incapaz de pensar. Simplemente está respondiendo desde el mundo que conoce. El coche no aparece entre sus respuestas porque todavía no forma parte de sus posibilidades.

Antes de poder elegir un coche, alguien tiene que imaginar que puede existir y construirlo.

Así veía yo la situación.

La mayoría de las personas estaba intentando decidir entre las opciones que tenía delante. Yo veía que existía la posibilidad de crear otra opción mejor, pero para llegar hasta ella había que intervenir, insistir, negociar y conectar piezas que por separado no llevaban a ningún sitio.

No se podía preguntar si querían esa opción porque todavía no existía.

Y esperar a que apareciera sola era otra forma de renunciar a ella.

Verlo desde fuera

Desde dentro, yo veía cada movimiento y sabía por qué lo estaba haciendo.

Desde fuera, los demás solo veían que alguien se movía mucho, insistía y empujaba la situación en una dirección concreta.

Eso puede parecer presión. Puede parecer que una persona está decidiendo por las demás o intentando llevarlas hacia el resultado que ella quiere.

Entiendo que pueda verse así.

Pero que una interpretación sea comprensible no significa que sea correcta.

Yo no necesito convertir la percepción de los demás en una duda sobre mis propias acciones. Puedo aceptar que alguien lo haya vivido de otra manera y seguir sabiendo que la alternativa que conseguimos no habría existido sin lo que hice.

Las dos cosas pueden convivir: el resultado puede ser objetivamente mejor y el proceso puede no parecerlo desde todos los ángulos.

El precio de intervenir

La opción más cómoda habría sido quedarme quieto.

Esperar. Limitarme a trasladar información. Dejar que cada persona eligiera entre posibilidades peores y decir después que había sido decisión de todos.

Nadie habría podido acusarme de empujar demasiado.

Pero tampoco se habría conseguido lo que se consiguió.

Hay una tranquilidad particular en no asumir responsabilidad: si no cambias nada, tampoco pueden culparte por cómo intentaste cambiarlo.

El problema es que algunas mejoras solo aparecen cuando alguien acepta ese riesgo.

Liderar no siempre consiste en preguntar qué quiere cada persona y ejecutar la respuesta más repetida. A veces consiste en crear una posibilidad que nadie podía pedir porque todavía no sabía que existía.

No todo vale

Esto no significa que cualquier acción quede justificada porque alguien crea saber más que los demás.

No hablo de imponer un capricho ni de utilizar el beneficio colectivo como excusa.

La diferencia está en poder responder preguntas concretas: ¿había un beneficio real?, ¿era compartido?, ¿existía esa opción antes?, ¿había un interés personal oculto?, ¿puedes explicar lo que hiciste y asumir sus consecuencias?

En este caso yo sé qué se consiguió. Sé qué opción no estaba disponible antes. Y sé qué habría ocurrido si nadie hubiera intervenido.

Por eso no tengo dudas sobre lo que hice.

Hacerlo bien no garantiza parecer el bueno

Me gustaría que hacer algo bueno para otras personas viniera acompañado de comprensión inmediata.

Que bastara con obtener un resultado mejor para que todo el mundo entendiera el camino que llevó hasta allí.

Pero no funciona así.

A veces el beneficio llega antes que la comprensión. A veces la comprensión no llega nunca.

Y quizá parte de asumir responsabilidad sea aceptar precisamente eso: que puedes hacer lo correcto y aun así convertirte en el problema dentro de la historia que otra persona se cuenta.

Yo podría haberme quedado quieto.

No lo hice.

Y aunque no todos puedan verlo de la misma manera, sé que gracias a esas acciones hoy existe una posibilidad que antes no existía.

Hacer lo correcto y parecer el bueno no siempre son la misma cosa.

Lo primero depende de tus acciones.

Lo segundo, no siempre.

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