Hace poco tuve un momento incómodo en el trabajo.
De esos que sabes que tienes que gestionar…
pero preferirías evitar.
Estábamos empezando un proyecto nuevo. Yo lidero el equipo de desarrollo, así que soy quien decide cómo se hacen las cosas y quién se encarga de cada parte.
Todo bien.
Todo normal.
Hasta que, poco a poco, otra persona del equipo (desde el lado de producto) empezó a meterse donde no le tocaba.
No fue de golpe
No fue una gran discusión.
Fue más sutil.
Comentarios.
Decisiones que no le correspondían.
Pequeñas cosas que, si no dices nada, van creciendo.
Hasta que llegó el momento claro.
Me dijo que quería que una persona concreta hiciera la aplicación.
Y que ya estaba probando tecnologías por su cuenta.
Y ahí lo vi claro.
Si no decía nada…
esto se iba a convertir en un problema.
El momento incómodo
No me apetecía nada.
Porque decir que no siempre tiene un coste.
Puede generar tensión.
Puede incomodar.
Puede parecer que estás siendo brusco.
Pero aun así lo hice.
Le dije, básicamente:
cada uno tiene su responsabilidad
y esta parte no es la suya
Sin rodeos.
Lo curioso
No hubo drama.
No se enfadó.
No explotó nada.
Simplemente…
los límites quedaron claros.
Y ahí entendí algo.
Muchas veces evitamos esto sin motivo
Nos montamos una película en la cabeza.
Que si digo algo va a haber conflicto
que si va a sentar mal
que si mejor lo dejo pasar
Y lo que pasa en realidad es lo contrario.
Cuando no dices nada:
los problemas crecen
los roles se mezclan
y acabas con algo mucho peor
Lo que me di cuenta de verdad
Esto no iba solo de esa persona.
Iba de algo bastante común.
Cuando alguien pierde el control de una parte en la que antes estaba cómodo… intenta recuperarlo de alguna forma.
Aunque ya no le toque.
Y si no hay límites claros…
esas líneas se empiezan a difuminar.
Decir que no no es ser borde
Es hacer tu trabajo.
No es una cuestión de ego.
No es una cuestión de poder.
Es una cuestión de responsabilidad.
Si tú no proteges tu área…
nadie lo va a hacer por ti.
Lo incómodo sigue ahí
Esto no se resuelve en una conversación.
No es un “ya está”.
Es algo que hay que ir gestionando.
Porque la tendencia natural es volver a lo mismo.
Pero ahora al menos hay algo claro.
Si me tengo que quedar con algo
Decir que no no es el problema.
El problema es no decirlo a tiempo.
Porque cuanto más esperas…
más difícil se vuelve.